9 de febr. 2022

Intervención de Joan Ramón Laporte en la Comisión de Investigación sobre la gestión de las vacunas en el Congreso de los Diputados

 

Joan Ramón Laporta 07-02.2022

La intervención que tuvo lugar ayer en la Comisión de Investigación sobre la gestión de las vacunas en el Congreso de los Diputados por parte del Catedrático y experto en Farmacovigilancia Joan Ramón Laporta ha suscitado gran interés entre nuestros lectores. Es por este motivo por el que hemos querido solicitar al experto su intervención escrita para que puedan acceder a ella.

«Señorías, Agradezco a esta Comisión su invitación a comparecer para comentar aspectos relativos a la campaña de vacunación contra la covid-19 en España.

En primer lugar, me presentaré. Inicié la FV (Farmaco Vigilancia) en España y el SEFV (El SEFV-H está integrado por 17 centros autonómicos de farmacovigilancia y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) en los años ochenta, fui  director del centro coordinador del SEFV y miembro de la CNFV (ConsejoNacional de Farmaco Vigilancia) hasta la creación de la AEMPS en 1999, y desde esta fecha hasta la actualidad he sido experto externo de esta institución (durante un tiempo miembro de su consejo asesor). Fui presidente del Comité de Medicamentos Esenciales de la OMS en 2004. He publicado más de 250 trabajos originales de investigación en farmacología clínica, farmacovigilancia y farmacoepidemiología, y dirigí el Centro Colaborador de la OMS en FE hasta 2017. En la actualidad soy también  experto externo de la EMA, en materia de farmacovigilancia y formo parte del Comité Científico del GIS EPI-PHARE de la Agencia Francesa del Medicamento y la Alta Autoridad de Salud de Francia.

No tengo conflictos de intereses relacionados con la industria farmacéutica o de productos sanitarios.

Se me ha convocado a opinar sobre “problemas y dificultades que se hayan producido hasta la fecha en el proceso de vacunación, y en la aplicación por parte de las administraciones públicas competentes de la Estrategia de vacunación frente a la COVID-19 en España y sus posteriores actualizaciones”.

He podido escuchar gran parte de las comparecencias ante esta Comisión, y he pensado que puedo aportar comentarios sobre tres cuestiones:

·         la farmacovigilancia de las vacunas y el papel de las agencias reguladoras (la AEMPS en España y la EMA en la UE),

·         algunos aspectos de la campaña de vacunación y

·         derechos de propiedad intelectual sobre las vacunas.

Primero. Farmacovigilancia, AEMPS y EMA

En materia de farmacovigilancia, los comparecientes en esta Comisión representantes de la AEMPS han descrito los complejos procedimientos y mecanismos de coordinación que han desarrollado para hacer frente a la epidemia de SARS-CoV-2: reuniones, coordinación entre diferentes organismos de la administración, con otros estados miembros de la UE y la EMA, y con las CCAA. Procedimientos, pero escasos resultados, se si exceptúan los relativos a la alta tasa de vacunación alcanzada.

Análogamente, los Informes de Farmacovigilancia de la AEMPS (el último, el 12º, publicado el 26 de enero de 2022, informan de más de 55.000 notificaciones de efectos adversos hasta el 9 de enero de 2022. De estas, 375 tuvieron desenlace mortal, y más de 11.000 fueron calificadas como graves, (cito) “entendiéndose como tal cualquier acontecimiento adverso que requiera o prolongue la hospitalización, dé lugar a una discapacidad significativa o persistente, o a una malformación congénita, ponga en peligro la vida o resulte mortal, así como cualquier otra condición que se considere clínicamente significativa” (fin de la cita).

La publicación de estos datos puede ser vista como un ejercicio de transparencia, pero la realidad es que a falta de detalles son difícilmente interpretables.

Por ejemplo, a pesar de que en esta fecha se estaba iniciando la vacunación infantil y de adolescentes, y de que se citan 872 efectos adversos en menores de 20 años, el Informe no comenta los casos en este grupo de edad, precisamente el que cioncita mayores incertidumbres sobre la conveniencia de la vacunación.

La transparenciano consiste solamente en subir informes técnicos a la web (que también), sino en iluminar, en ayudar a dirigir la mirada y ayudar a comprender. De lo contrario, se siembra el terreno para que proliferen la desconfianza y las suspicacias. Quién sabe si por una intención de esconder la información en una montaña de datos, o quizá porque se entiende (equivocadamente) que esta Comisión  no es el foro para debatir cuestiones técnicas, este tipo de datos no ha sido presentado ante Sus Señorías, de modo que la propia Comisión no ha tenido la oportunidad de preguntar sobre el uso que se hace de ellos.

Señorías, les quiero comentar algunas cuestiones técnicas que puede entender cualquier ciudadano, que creo que les pueden ser útiles. Doce consideraciones.

1.     Las primeras vacunas disponibles contra la covid-19 en España, y las más utilizadas hasta el día de hoy, han sido Comirnaty de Pfizer (54M dosis hasta el pasado 9 de enero) y Spikevax de Moderna (14 M dosis). Estas dos vacunas se basan en una nueva tecnología. Así como las vacunas tradicionales son gérmenes atenuados o porciones de ellos que estimulan el sistema inmunitario, las vacunas de ARN mensajero introducen un ácido nucleico que da instrucciones a células de la persona vacunada para que fabrique una proteína del virus (la spike protein), que a su vez estimulará el sistema inmunitario. Conviene recordar que el DRAE define una vacuna como (cito) “preparado de antígenos que, aplicado a un organismo, provoca en él una respuesta de defensa”. Según esta definición, las llamadas vacunas de Pfizer y Moderna no son verdaderas vacunas. Son fármacos basados en una tecnología nunca usada en terapéutica hasta ahora, y menos en campañas masivas. De ahí que la vacunación masiva supuso un gran experimento global, sin precedentes en la historia.

·         Los resultados de los primeros EC sobre las vacunas de Pfizer y de Moderna, publicados en diciembre de 2020, mostraron valores de eficacia preventiva de 90% o más. Parecían convincentes, y el mundo comenzó a respirar (nunca mejor dicho) con la perspectiva de las vacunas, y a suspirar por ellas. Pero debíamos ser conscientes de que entrábamos en un experimento preventivo vacunal global, por su extensión y por la nueva tecnología que entrañaba.

·         Un EC da información preliminar, que debe ser comprobada en la práctica (esto es la FE). Por ejemplo, en el EC sobre la vacuna Pfizer-BNT, de más de 43.000 participantes solo cinco fueron mayores de 85 años, y solo un 4% mayores de 74 años. Sin embargo, como todos sabemos, la vacunación comenzó en los mayores de 80 años; la primera persona vacunada en España tenía 96 años.

·         Los EC de medicamentos y vacunas son diseñados, realizados e interpretados por la compañía promotora. El control de calidad de los datos recogidos también corre a cuenta del promotor, y el control de la gestión de datos por las administraciones públicas se basa en inspecciones, que son ocasionales. Recientemente el BMJ describió irregularidades en el ensayo de Pfizer, conocidas como PfizerGate. El fraude es habitual, a menudo en la catalogación y archivo de los acontecimientos adversos. También se comete fraude en los EC sobre vacunas.

·         Estoy autorizado a contarles un ejemplo. El equipo RxISK, se autodescribe como un grupo “de expertos médicos de alto nivel de reputación internacional en la detección precoz de efectos adversos de medicamentos y en la mitigación de sus riesgos, farmacovigilancia y atención de pacientes”. Fue constituido en 2012 y dirigido por el Profesor David Healy, de la Universidad McMaster de Canadá. En colaboración con RxISK, decía, hemos entrevistado y revisado hasta ahora la historia clínica de tres participantes en ensayos clínicos (uno en Pfizer adultos, uno en Pfizer pediatría y uno en el de adultos de AZ), que han padecido efectos adversos graves e incapacitantes, y que han sido literalmente “desaparecidos”, de los informes de estos ensayos. Puedo decir que no es cierto que no se registraran acontecimientos adversos graves en los EC; por el contrario, comenzamos a tener constancia de que algunos problemas fueron escondidos debajo de la alfombra. Estos casos se harán públicos dentro de unas semanas en la web de RxISK.

·         En las publicaciones de los EC se ofrecen solo datos muy generales, y de forma agrupada. Además del fraude, también es habitual la presentación tendenciosa de los resultados de los EC.

·         Tendenciosidad que consiste por ejemplo en expresar la eficacia en términos relativos, y no absolutos. Por ejemplo, en el ensayo de Pfizer, se registraron 162 casos de covid-19 en el grupo placebo, comparado con 8 en el grupo vacunado, una diferencia de 95% en términos relativos. No obstante, la realidad fue que la incidencia de PCR positiva (ni tan solo enfermedad clínica) había sido de menos de 1% en el grupo placebo, comparado con 0,04% en el grupo vacunado, una diferencia de menos de 0,9% en términos absolutos.

·         O consistente en ocultar determinados resultados en el artículo publicado. Por ejemplo, en los EC con la vacuna Pfizer se registraron 14 muertes en el grupo placebo, y 15 en el grupo vacunado. En el de Moderna se registró el mismo número de muertes (14) en cada grupo. (No Señorías, los EC no han demostrado que las vacunas salven vidas). El número de fallecimientos registrados en cada grupo no fue ni tan solo mencionado en sendos artículos publicados en el NEJM, y solo se podía encontrar después de revisar decenas de páginas del material suplementario.

·         No dispongo del tiempo necesario para aburrirles extendiéndome en otros detalles. Pero les aseguro que los resultados de los EC promovidos por las compañías farmacéuticas deben ser considerados más bien como indicios, y de ningún modo como “evidencias”. Según el DRAE, es “evidente” lo que es “cierto, claro, patente y sin la menor duda”. Triste ironía, que expertos y dirigentes de instituciones sanitarias sigan insistiendo en evidencias ante una enfermedad nueva y por tanto poco conocida, imprevisible en su evolución epidémica y en las secuelas que va a dejar. Las llamadas evidencias sobre las vacunas no tenían nada de cierto, nada de claro, y, sí, muchas patentes.

·         En cualquier caso, los resultados obtenidos en cualquier EC deben ser revisados con detalle por expertos en la materia, lo que requiere tiempo, sin duda, pero también transparencia.

o    Pfizer, por ejemplo, anunció que haría pública la totalidad de los resultados de su EC principal sobre la vacuna en 2025. Pues bien, parece que ni esta fecha era cierta. El pasado mes de enero, a petición de varias organizaciones civiles por la transparencia, un juez federal de EEUU obligó a la FDA y Pfizer a hacer públicos estos resultados en un lapso de meses, en lugar de los 75 años que pretendía la compañía y que había pactado con la FDA.

·         Además, los resultados de los EC deben ser confirmados por la práctica, y esto requiere un muy cuidadoso seguimiento epidemiológico del experimento global de la vacunación contra la covid-19. De ahí la necesidad de la farmacovigilancia.

·         A pesar de los resultados aparentemente optimistas de los EC sobre las vacunas contra la covid-19, había en enero de 2021 por lo menos cinco áreas de incertidumbre:

·         Duración. Disminución de 20-30% de la eficacia relativa en 6 meses. En lugar de tomar nota de esta insuficiencia de las vacunas, los fabricantes acogieron esta noticia con subidas de su cotización en bolsa: si el producto es ineficaz, habrá que ir repitiendo dosis, si es posible durante toda la vida, el sueño de cualquier vendedor de medicamentos para el colesterol o la osteoporosis, o de crecepelos. La realidad es que necesitamos mejores vacunas, en términos de eficacia protectora.

·         Variantes. La eficacia de las vacunas frente a la cepa Delta fue inferior a su eficacia frente a la cepa Alfa. La experiencia reciente ha mostrado que las vacunas no han funcionado frente a la cepa Omicron.

·         Por ejemplo, los datos oficiales reproducidos por el Prof. Luis Carlos Silva relativos a Cataluña muestran que entre el 23/12 y el 12/01/22, se registraron 37.200 diagnósticos de covid-19 por PCR en personas vacunadas, y 30.350 en no vacunadas.

·         ¿Evitan la transmisión o contagio? Está claro que las vacunas no evitan la transmisión de la enfermedad, de modo que el pasaporte o certificado COVID carecía de base científica, y además puede haber contribuido a aumentar el número de casos, puesto que daba una falsa sensación de seguridad a quienes lo obtenían.

·         Efectos adversos.

·         Ejemplo trombosis. Respuesta deplorable de EMA. Señal a finales de enero. PRAC se reúne ea principios de marzo. Rueda de Prensa 31 de marzo: los responsables de FV afirmaron que no disponían ni tan siquiera de cifras de vacunación por edad y sexo en los estados miembros. Además, se insistía en baja incidencia, sin distinguir la real de la notificada. Infranotificación: Cataluña 1/1 a 18/4 2021: 53 notificados vs 540 en bases de datos sanitarias.  No más con AZ que con Pfizer o Moderna.

·         Miocarditis y pericarditis. Al igual que con las trombosis, las estimaciones de incidencia han ido subiendo. Problemas cardíacos en atletas, jugadores de futbol y espectadores vacunados.

·         Acceso a escala global. D Fernando Lamata.

·         Por otra parte, el seguimiento de la seguridad de las vacunas ha puesto de manifiesto las deficiencias de la farmacovigilancia en la Unión Europea. La EMA ha reaccionado tarde y de manera paquidérmica e insuficiente ante las señales de efectos indeseados que han ido surgiendo y sus vacilaciones no han ayudado a las autoridades de los estados miembros a orientar la campaña de vacunación según los resultados obtenidos. Han prevalecido los procedimientos y la burocracia por encima de la ciencia, el sentido común y la atención a las incertidumbres inherentes al experimento global emprendido.

1.     No se trata (solamente) de un incidente o de la ineptitud de algún funcionario. La EMA, financiada en más de un 80% con las tasas aportadas por las compañías farmacéuticas, está concebida para autorizar la comercialización de medicamentos y vacunas, pero no para interactuar con los sistemas sanitarios de los estados miembros.

1.     La pandemia ha hecho evidente que la legislación europea sobre farmacovigilancia, basada en la notificación voluntaria y en planes de gestión de riesgos desarrollados por las propias compañías fabricantes, está más concebida para proteger a estas últimas que para proteger a los ciudadanos.

1.     En este contexto, quisiera comentar también el escaso uso que se ha hecho de las bases de datos sanitarias en España, para hacer un seguimiento de la vacunación y de sus efectos beneficiosos e indeseados en el contexto de la epidemia. Probablemente no se trata solo una oportunidad desaprovechada y perdida, sino más bien del reflejo de la falta de voluntad del sistema nacional de salud para ser un verdadero productor de conocimiento, y no un mero receptor pasivo de mensajes de clara intencionalidad comercial, un comprador ignorante de tecnología, que a menudo paga humo a precio de oro. La pandemia también ha puesto en evidencia la existencia de un enorme mercado de explotación de bases de datos sanitarias para estudios epidemiológicos, canalizado por la EMA de manera no democrática, incluso colonialista, en connivencia con centros universitarios “adictos”.

Segundo. Campaña de vacunación

Residencias. La epidemia incidió especialmente en residencias de personas mayores, sobre todo al principio. La mortalidad fue 57 veces más alta en las residencias. Presumimos de sistema sanitario, pero dejamos a los más vulnerables en manos de la iniciativa privada. ¿Cuáles son los factores de riesgo de morir en una residencia? Sin duda la edad y la pluripatología, pero también la mala atención y la polimedicación innecesaria.

Una amplia variedad de fármacos, que ya eran de consumo generalizado antes de la epidemia, incrementan el riesgo de neumonía y la mortalidad por neumonía, de modo que al comienzo de la epidemia era de esperar que también incrementaran la mortalidad por Covid-19.

Por ejemplo, hace años que se sabe que los fármacos neurolépticos (antipsicóticos) duplican o incluso cuadruplican el riesgo de neumonía. En Cataluña unas 100.000 personas mayores de 70 años los consumen de manera continuada, en la mayoría de los casos en indicaciones no autorizadas. Al inicio de la pandemia consumían neurolépticos 22.000 de las 64.000 personas que vivían en residencias.

Muchos otros fármacos que tienen efecto depresor del sistema nervioso central también incrementan sensiblemente el riesgo de neumonía: analgésicos opioides como tramadol o fentanilo, hipnóticos, sedantes (también llamados ansiolíticos como loracepam, Orfida), antidepresivos como el Prozac, fármacos con efecto anticolinérgico, gabapentina y pregabalina (Lyrica). Los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol y similares) también incrementan sensiblemente el riesgo de neumonía.

Un 75 por ciento de los mayores de 70 años consume como mínimo uno de estos fármacos.

El 8 de abril de 2020 envié un informe sobre esta cuestión a la AEMPS. La respuesta fue más o menos “Gracias, pero ¿qué podemos hacer?” La misma Agencia que tiene la función legal de delimitar las indicaciones de cada medicamento comercializado no es capaz de hacer cumplir sus reglas. Repito lo dicho anteriormente  cuando hablaba de FV: procedimientos, muchos procedimientos, pero sin atención a los resultados y en desconexión del sistema sanitario.

En los últimos meses se han publicado numerosos estudios que confirman las previsiones que hice al inicio de la pandemia. En particular, un estudio sobre la totalidad de la población de Escocia, en el que se compararon algo más de 4.000 casos de Covid-19 grave (ingreso en UCI o muerte) con 36.738 de Covid-19 leve, concluyó que un 38% de los casos graves (ingreso en UCI) o mortales de Covid-19 hasta junio de 2020 serían atribuibles a la exposición a estos fármacos.

Lo más preocupante de esta cuestión es que numerosos estudios han mostrado de manera repetida que como mínimo un 40% de las personas expuestas a estos fármacos, los reciben sin justificación clínica alguna. Para algunos medicamentos, el consumo injustificado puede ser del orden de 80%.

Enfermar o morir per haber tomado un fármaco innecesario es una cruel ironía.

El sistema sanitario tiene una responsabilidad evidente en esta cuestión. Este parlamento aprobó hace unos años la desgravación de los ingresos en especies recibidos para “formación” por los profesionales sanitarios. Son ingresos que proceden de la industria farmacéutica, que es el principal suministrador directo o indirecto de formación continuada en España. Me pregunto, Señorías, ¿qué empresa convencional aceptaría como normal que sus trabajadores reciban regalos y dinero del principal proveedor de materias primas?

Varios estudios y análisis comparativos han mostrado que España es el miembro de la UE más permisivo en materia de conflictos de intereses y relaciones opacas de profesionales sanitarios con las compañías farmacéuticas. Lo mismo ocurre con las sociedades médicas y sus expertos.

En este sentido, me ha extrañado que ninguno de los comparecientes representantes de corporaciones profesionales hiciera la más mínima alusión a los conflictos de intereses de la mayoría de las sociedades médicas españolas, de los miembros de sus juntas directivas y de sus grupos de trabajo. Y me ha llamado la atención que ustedes no preguntaran por los CI.

Estrategias de vacunación. La tan manida expresión relación beneficio/riesgo favorable no tiene ningún significado concreto, si no se definen los grupos de población para los que se propone un fármaco o vacuna. La epidemia no afecta del mismo modo a todos los grupos de edad, y la vacuna no tiene los mismos efectos adversos en todas las edades. En consecuencia, la magnitud del efecto beneficioso y también la de los riesgos varía con la edad. Existe consenso sobre el efecto protector sobre la comunidad de las 1as y 2as dosis, pero no sobre 3as y 4as. Falta de estudios, necesidad de examinnar los resultados en tiempo real para resolver las principales incertidumbres.

No comentaré las medidas de efectividad retórica, como el uso de mascarillas al aire libre, o el pasaporte Covid). Ni tampoco las indemnizaciones por EI.

A PARTIR DE AQUÍ NO DIO TIEMPO DE PRESENTARLO.

Tercero. Derechos de propiedad intelectual

Fernando Lamata el 29 de noviembre de 2021.

Como dicen Hawksbee, el profesor de salud pública Martin McKee y el profesor de economía Lawrence King en un artículo recientemente publicado en BMJ, la mayoría de los expertos concuerdan en que se debe poder vacunar al máximo número posible de personas con la mayor rapidez posible. Muchos debates se han centrado en los derechos de propiedad intelectual: ¿deben las compañías que desarrollaron vacunas contra la covid-19 ser obligadas a poner a disposición sus conocimientos para que otros puedan producir estas vacunas? ¿O bien una exención de los derechos de propiedad intelectual u otras reformas del sistema actual de propiedad intelectual amenazan la futura innovación?

El debate adquirió grandes proporciones cuando el Presidente Biden manifestó su apoyo a una exención temporal de los derechos de propiedad intelectual sobre las vacunas contra la covid-19. Esta propuesta ha sido aprobada por el Senado de EEUU, y se han adherido a ella la OMS, MSF e incluso el Papa. A pesar de ello, meses después algunos países europeos siguen oponiéndose obstinadamente a tal exención en el seno de la OMC. Más de una docena de entidades de defensa de derechos humanos, entre ellas Amnistía Internacional, y de pacientes se han dirigido a los gobiernos de Canadá, Reino Unido, Alemania y Noruega para advertirles que emprenderían acciones legales contra ellos si obstruyen la adopción de la propuesta de exención.

Mientras tanto, el mecanismo COVAX parece haber sido diseñado para preservar los actuales mecanismos de mercado y de dinámicas de poder.

Los argumentos contrarios a reformar el sistema de propiedad intelectual son que estos son necesarios para compensar los riesgos financieros en que incurre una compañía cuando invierte en la investigación y el desarrollo necesarios para desarrollar nuevos productos. En el caso de las vacunas contra la covid-19, la magnitud de este riesgo es discutible, porque los gobiernos aportaron una parte sustancial de la financiación en I + D y adquirieron grandes cantidades de vacunas por adelantado. ¿Por ejemplo, merecen estos gobiernos un retorno de su inversión en forma de precios más bajos o de mayor acceso a las vacunas de los pobres en todo el mundo con el fin de aumentar la inmunidad global? ¿O bien la exención de los derechos de propiedad intelectual constituye una forma de robo de estado que pueda poner en peligro investigación futura vital para la salud pública?

Como era de esperar, la industria farmacéutica mantiene que la exención reduciría los beneficios que incentivan el desarrollo de nuevos fármacos. Sin embargo, la emergencia de nuevas variantes demuestra los riesgos del statu quo: maximizar la vacunación no es solo una necesidad moral, sino también un baluarte potencial contra la evolución de nuevas variantes que podrían ser más contagiosas, ma´s virulentas, o podrían escapar más fácilmente a la respuesta inmunitaria.

Además, la exención no amenazaría el futuro desarrollo de fármacos, principalmente porque la relación entre beneficios e innovación es tenue.

Los argumentos de la industria serían sólidos si existieran pruebas de que serían incapaces de atraer a inversores para financiar I + D. Pero este no parece ser el caso. Según los datos de Fortune 500, los beneficios 1954 netos de la industria farmacéutica fueron hasta 1999 de más del doble que los de la media de los demás sectores (banca, energía, construcción, alimentación, automoción, militar, etc.). A partir de 2000 la diferencia se disparó al triple. El retorno sobre el capital invertido es el más alto de todos los sectores. Los beneficios netos llevan ya por definición descontados los costes de I + D.

Se podrían justificar unos beneficios altos con el argumento que las compañías farmacéuticas producen las innovaciones más necesarias para mejorar y proteger la salud pública. Pero la idea de que la industria se concentra en los fármacos más necesarios está lejos de la realidad. Por una parte, solo un 2 a 3% de los nuevos medicamentos son avances importantes, y entre un 9 y un 11% ofrecen solo alguna ventaja modesta sobre productos anteriormente disponibles; el resto no aporta avances clínicos. Por otra parte, hay grandes necesidades de investigación desatendidas por la industria, como el paludismo, la tuberculosis multirresistente y la resistencia a antibióticos.

Al mismo tiempo, el papel de la industria en el rápido desarrollo de vacunas ha sido fundamental.

Sin embargo, la idea de que la sociedad solo puede recoger los beneficios de la innovación médica si los monopolios de propiedad intelectual producen beneficios astronómicos a la industria ya no es sostenible. Los beneficios récord no han dado origen a investigación sobre resistencias a antibióticos o enfermedades desatendidas, y nunca han garantizado el acceso a los medicamentos esenciales de los pobres del mundo. Tampoco hay ninguna razón para creer que la búsqueda de beneficios originará los incentivos adecuados para salvaguardar la salud global en el futuro. Por el contrario, es necesario reformar la estructura de incentivos sobre la que se basan la investigación y el desarrollo de nuevos fármacos, con mayor liderazgo del sector público, en la que las recompensas deben ser independientes del tamaño del mercado originado.

Si alguna de Sus Señorías tiene interés en consultar las fuentes de la información dada en esta comparecencia, no duden en contactar conmigo, las tengo a su disposición.

Frase final patentes?, Conclusiones?, Incertidumbre. La necesidad de investigación. Más atención a los resultados que a los procedimientos. Se han puesto en evidencia las debilidades de la FV en la UE, y las de la EMA.»

https://diario16.com/diario16-publica-la-intervencion-escrita-del-catedratico-y-experto-en-farmacovigilancia-joan-ramon-laporte-en-la-comision-de-investigacion-de-las-vacunas/

26 de gen. 2022

distintes estrategies que nos han de permitir transcurrir con la menor enfermedad possible

 “Caldria reivindicar des d’un pensament progressista és l’individu que pensa i actua des de la independència i no es deixa anorrear per les veus dominants ni busca l’escalfor que proporcionen els pensaments únics.”

Victoria Camps

 Ya vamos por el tercer año de la pandemia, y los que nos quedan.

El largo periodo de padecimiento del virus de la corona y de la gestión autoritària y poco científica que estamos empezando a vivir, nos presenta distintes estrategies que nos han de permitir transcurrir con la menor enfermedad possible, con la menor mortalidad possible y con una visión poliédrica del problema que nos permita abordar el sistema abierto de la biologia, de la sociedad , la cultura ( entendida como modos de vida), la política y de la economia.

 La salud entendida como un bien de todos, que constuimos entre todos, y que sin la aportación de todos no es posible promover el pleno ejercicio de los derechos de los ciudadanos a desarrollar su capacidad personal y comunitaria de salud.

Crear nuevas formas de participación, colaboración social y alianzas estratégicas con los diferentes sectores de la sociedad

En un proceso dinámico. Establecer redes y alianzas para avanzar en la práctica. Construyendo y deconstruyendo.

Cuando las personas toman conciencia de lo que les causa la ausencia / pérdida de poder empiezan el proceso de empoderarse, reconocen las fuerzas opresivas que las oprimen y  actúan para hacer cambios individuales y sociales, para pasar a la acción sobre los determinantes sociales de la salud,  para la equidad, para que se conviertan en protagonistas activos de su salud.

Transformar los servicios de salud pública guiados por los profesionales de salud para que sean más accesibles a todos los pacientes, especialmente a los inmigrantes recién llegados,  comunidades minoritarias y grupos y personas con desventaja social y económica. 

Las personas marginadas reciben menor atención, por la falta de conocimiento de los servicios que tienen a su disposición, por falta de disposición de los propios servicios , y por la actitud negativa o falta de conciencia del personal de los propios servicios.


Lecciones de un año de Covid avances científicos y fracasos políticos, ¿qué podemos aprender para el futuro? x Yuval Noah Harari

 

Lecciones de un año de Covid x Yuval Noah Harari

En un año de avances científicos y fracasos políticos, ¿qué podemos aprender para el futuro?

Si la pandemia de COVID-19 no mengua en 2021 y continúa matando a millones, no será porque en la eterna guerra entre los patógenos y la humanidad triunfe la naturaleza irrefrenable: “Será un fracaso humano y, más precisamente, un fracaso político”, advirtió Yuval Noah Harari, el historiador y filósofo israelí, autor de Sapiens: De animales a dioses.

A un año de la crisis del coronavirus evaluó que, dado que hoy existen “el conocimiento y las herramientas necesarias para prevenir que un nuevo patógeno se disperse y cree una pandemia”, si se siguen perdiendo vidas y destruyendo economías, o si el SARS-CoV-2 se convierte en el comienzo de una ola de nuevas epidemias, sería solo una muestra del despeñadero político. Porque la ciencia está, a diferencia de lo que sucedió en la peste negra e incluso en la gripe de 1918. Y hoy los humanos tienen incluso un mundo virtual donde refugiarse del patógeno.

Si algo falla, entonces, no habrá otra responsable que la propia humanidad.

En un artículo para el Financial Times, el best seller de Homo Deus: Breve historia del mañana y 21 lecciones para el siglo XXI resumió, desde una perspectiva histórica amplia, el primer año del COVID-19, y observó una diferencia enorme en comparación con el pasado: “2020 mostró que la humanidad está lejos de ser indefensa. Las epidemias ya no son fuerzas incontrolables de la naturaleza. La ciencia las ha convertido en un desafío manejable”.

Entonces, ¿por qué más de 2,5 millones de muertos en el mundo? ¿Por qué economías enteras colapsadas y hasta países cerrados?

“Por malas decisiones políticas”, escribió, sin ambages, Harari.

Durante la primera ola de la peste negra, cuando murió la tercera parte de la población de Inglaterra, nadie pensó que Eduardo III debía haberlo impedido, porque los humanos no tenían idea de qué causaba la enfermedad, ni cómo se la podía detener. Era una calamidad natural, acaso la ira de dios, pero ciertamente no estaba en las manos de un monarca. Durante la gripe de 1918, aun con los avances de la ciencia, las mentes más brillantes del mundo no pudieron identificar al virus, y por lo tanto muchas de las medidas que se tomaron no sirvieron y no hubo manera de encontrar una vacuna, pues se la buscaba a tientas.

Esta vez, en cambio, la experiencia fue radicalmente distinta.

“Las primeras alarmas sobre una potencial epidemia nueva comenzaron a sonar a finales de diciembre de 2019. El 10 de enero de 2020 los científicos no sólo habían aislado al virus responsable sino que habían hecho la secuencia de su genoma y habían publicado la información en línea”, recordó Harari la cronología del SARS-CoV-2. “En unos pocos meses se volvió claro qué medidas podrían demorar y detener las cadenas de infección. En menos de un año había producción masiva de varias vacunas efectivas. En la guerra entre los humanos y los patógenos, nunca los humanos habían sido tan poderosos”.

2020 no fue un desastre: todo esto salió bien

Más allá de la biotecnología, muchos otros progresos permitieron que las sociedades no colapsaran como en un apocalipsis o cayeran en la hambruna. En primer plano, destacó Harari, están las tecnologías de la información.

En 1918 se podía poner en cuarentena a todos los que mostraban síntomas, pero no se podía rastrear a los presintomáticos ni a los asintomáticos, lo cual contribuyó a socavar el éxito del aislamiento, y la gripe siguió progresando. “Al contrario, en 2020 la vigilancia digital facilitó mucho el seguimiento y la localización de los vectores de la enfermedad, con lo que la cuarentena pudo ser más selectiva y eficaz”, argumentó.

Lo más importante del aporte tecnológico fue que internet permitió —al menos en los países desarrollados— un confinamiento prolongado sin que colapsaran ni el mundo material ni el virtual.

Si durante milenios la producción agrícola dependió de las manos humanas, hoy sólo el 1,5% de la población de Estados Unidos trabaja en el campo, comparó Harari. Con eso se alimenta a los 331 millones de habitantes y también se exporta comida. La razón es tecnológica: “Casi toda la labor agrícola está hecha por máquinas, que son inmunes a las enfermedades. Por ende el confinamiento tuvo sólo un pequeño impacto en la agricultura”.

Algo similar sucede con el transporte, tanto de alimentos como de otros bienes. Si la peste negra pasó por la ruta de la seda desde Asia a Medio Oriente, y de ahí en barcos a Europa, fue por la necesidad de mano de obra humana en esos procesos. En cambio, el comercio mundial en 2020 funcionó más o menos tersamente porque pocos hombres trabajan en él.

¿Hubo crisis del papel higiénico en los Estados Unidos? La gente compró entonces en línea y sus rollos llegaron en cajas con formularios postales de China, producidos, empacados y transportados por máquinas.

En el siglo XVI la entera flota mercante de Inglaterra podía transportar 68.000 toneladas de bienes con 16.000 tripulantes. Hoy un solo barco de Hong Kong puede llevar casi 200.000 toneladas con un equipo de 22 personas. La única industria de transporte que colapsó fue la que se ocupa del movimiento de humanos: la aviación comercial y el turismo. El volumen de comercio marítimo global perdió sólo un 4%, ilustró Harari.

Acaso un abogado se presentó con un filtro de gatito a una video audiencia ante los tribunales: hubo inconvenientes como ese, reconoció el pensador. Pero la justicia se siguió administrando.

La humanidad se retiró al mundo virtual, porque el mundo material era inhabitable hasta el control del virus letal, y mucho de la vida continuó de manera digital. E internet no colapsó, a diferencia de lo que hubiera sucedido si de pronto el tránsito sobre un puente físico se multiplicara monstruosamente. En la trinchera quedaron médicos y enfermeros, trabajadores esenciales del comercio minorista y de la seguridad, y los repartidores que se convirtieron en “la delgada línea roja que mantuvo viva la civilización”, como los calificó Harari.

¿Por qué las políticas públicas resultaron tan ineficaces?

Con todo, el año del COVID-19 expuso una limitación del poder científico y tecnológico: ninguno tiene el alcance para reemplazar a la política. “A la hora de decidir una política pública, tenemos que tomar en cuenta muchos intereses y valores, y dado que no hay una manera científica de determinar cuáles intereses y valores son más importantes, no hay una manera científica de decidir qué deberíamos hacer”, planteó el artículo.

“Por ejemplo, al decidir si se impone un confinamiento no alcanza con preguntar: ‘¿Cuánta gente se enfermará de COVID-19 si no imponemos el confinamiento?’. También deberíamos preguntar: ‘¿Cuánta gente sufrirá depresión si imponemos el confinamiento? ¿Cuánta gente recibirá una mala nutrición? ¿Cuántos se quedarán sin escuela o perderán sus trabajos? ¿Cuántos serán golpeados o asesinados por sus parejas?’”.

Haber contado con las herramientas científicas para enfrentar el coronavirus fue solo una parte de la ecuación, porque las medidas como el distanciamiento social generaron un alto costo económico y emocional. Eso fue un peso accesorio a la carga que la pandemia puso sobre los hombros de los dirigentes mundiales.

“Lamentablemente, demasiados políticos no han estado a la altura de esta responsabilidad”, evaluó Harari.

“Por ejemplo, los presidentes populistas de los Estados Unidos y de Brasil minimizaron el peligro, se negaron a hacer caso a los expertos y en cambio impulsaron teorías conspirativas”, ilustró. “No crearon un plan de acción federal sensato y sabotearon los intentos por detener la pandemia de las autoridades de los estados y los municipios. La negligencia y la irresponsabilidad de los gobiernos de [Donald] Trump y [Jair] Bolsonaro han provocado cientos de miles de muertes evitables”.

La principal diferencia entre el éxito científico y el fracaso político que señaló el autor de Sapiens es la cooperación. Mientras que los científicos del mundo compartieron información libremente y trabajaron juntos en beneficio de la investigación en general, “los políticos no consiguieron crear una alianza internacional contra el virus y acordar un plan global”.

Así, los primeros meses de 2020 se parecieron a “mirar un accidente en cámara lenta”: la ola de contagios y muertes avanzó desde Asia hasta Europa y luego a América, sin que una coordinación global de liderazgos impidiera que la catástrofe se tragara al mundo.

“Las dos potencias principales, Estados Unidos y China, se acusaron mutuamente de ocultar información vital, diseminar desinformación y teorías conspirativas e incluso de haber diseminado el virus deliberadamente”, recordó. La batalla simbólica dejó bajas en campos materiales tan sensibles como el equipamiento médico: “No se hicieron esfuerzos serios para reunir todos los recursos disponibles, optimizar la producción global y asegurar una distribución equitativa de los suministros”.

En particular, se detuvo Harari, “el ‘nacionalismo de la vacuna’ crea una nueva clase de desigualdad global entre los países que pueden vacunar a su población y los que no”.

Eso representa un destilado del error político, porque revela que los dirigentes globales no comprenden un hecho elemental de la pandemia: “En tanto el virus se siga diseminando en cualquier lugar, ningún país puede sentirse seguro de verdad. Supongamos que Israel o el Reino Unido tienen éxito y erradican el virus dentro de sus fronteras, pero el virus se sigue expandiendo entre cientos de millones de personas en la India, Brasil o Sudáfrica. Una nueva mutación de algún remoto pueblo brasileño podría volver ineficaz la vacuna, y ocasionar una nueva ola de infecciones”.

El peligro de una dictadura digital

A pesar del papel positivo que las tecnologías de la información han jugado durante la pandemia, tienen también un lado B. “La digitalización y la vigilancia ponen en peligro nuestra privacidad y allanan el camino para el surgimiento de regímenes totalitarios sin precedentes”, advirtió el pensador israelí. “En 2020 la vigilancia masiva se ha vuelto a la vez más legitimada y más común. Combatir la epidemia es importante, pero ¿amerita la destrucción de nuestra libertad en el proceso? Corresponde a los políticos, más que a los ingenieros, hallar el equilibrio adecuado entre la vigilancia útil y las pesadillas distópicas”.

Propuso algunas reglas básicas que, aun en tiempos de plaga, son eficaces para proteger a los individuos de lo que llamó “dictaduras digitales”. La primera: los datos personales que se puedan recabar, en particular sobre lo que sucede dentro del cuerpo de alguien, se deberían usar para ayudar a esa persona y no para manipularla, controlarla o hacerle daño.

“Mi médico personal conoce muchas cosas en extremo privadas sobre mí. No tengo inconvenientes con que así sea porque confío en que él use esta información en mi beneficio”, dio como ejemplo Harari. “Mi médico no debería vender estos datos a ninguna corporación o partido político. Lo mismo debería suceder con cualquier clase de ‘autoridad de vigilancia de la pandemia’ que pudiéramos establecer”.

La segunda regla básica es que siempre la vigilancia debería ser de doble vía. “Si la vigilancia solo va desde arriba hacia abajo, es el mejor camino hacia la dictadura. Así que cuando se incrementa la vigilancia de los individuos simultáneamente se debería incrementar la vigilancia del gobierno y las grandes corporaciones”, argumentó.

“Si el gobierno dice que es demasiado complicado establecer un modelo de monitoreo semejante en plena pandemia, no le creas. Si no es muy complicado comenzar a monitorear lo que tú haces, no es demasiado complicado comenzar a monitorear lo que hace el gobierno”. Eso incluye, dio como ejemplo, la necesidad de transparencia en la distribución de fondos públicos para paliar la crisis.

Nunca hay que permitir la concentración de demasiados datos en un solo lugar, continuó. “Ni durante la pandemia ni cuando termine”, subrayó. “Un monopolio de datos es la fórmula para una dictadura. Si recolectamos datos biométricos de la gente para detener la pandemia, esto se debería hacer mediante una autoridad sanitaria independiente, no mediante la policía. Y los datos que se obtengan se deberían mantener separados de otros silos de información de los ministerios gubernamentales y las grandes corporaciones”.

Harari se adelantó a las críticas: eso podría generar redundancias e ineficacia, reconoció. Pero mantener un poco de ineficacia le pareció un precio razonable a pagar para impedir el ascenso de una dictadura digital.

Las tres lecciones que dejó un año de pandemia

Así como todavía se habla de la gripe de 1918, y se la estudia como pandemia, el caso del COVID-19 va a reverberar en las conversaciones y la investigación de los años por venir. Pero aun tan temprano, con el coronavirus aun rampante, y más allá de las diferencias en las perspectivas políticas, la experiencia de 2020 ha dejado ya tres lecciones de importancia, concluyó el artículo del pensador detrás de Sapiens.

“Primero, debemos salvaguardar nuestra infraestructura digital”, afirmó. “Ha sido nuestra salvación durante esta pandemia, pero pronto podría ser la fuente de un desastre aun peor”.

¿Cómo sería eso posible? En su opinión, cuando se hacen estimaciones para prever o prepararse para la pandemia que siga, habría que pensar en un ataque a la red tecnológica global, porque es “la principal candidata” a ser “el próximo COVID-19″.

La informatización permitió que la humanidad resistiera en distintos planeos al ataque material del SARS-CoV-2, pero “también nos volvió más vulnerables al malware y la ciber guerra”, explicó. “Al coronavirus le llevó varios meses diseminarse por el mundo e infectar a millones de personas. Nuestra infraestructura digital podría colapsar en un solo día”.

En segundo lugar —continuó— “cada país debería invertir más en su sistema de salud pública”. Puede parecer una verdad de perogrullo, reconoció, “pero los políticos y los votantes a veces logran ignorar las lecciones más obvias”.

Por último, sería conveniente establecer “un poderoso sistema global para monitorear y prevenir las pandemias”, agregó. “En la guerra inmemorial entre los humanos y los patógenos, el frente recorre el cuerpo de todos y cada uno de los seres humanos. Si esta línea se traspasa en cualquier lugar del planeta, nos pone a todos en peligro”. De ahí que “aun la gente más rica en los países más desarrollados tiene un interés personal en proteger a la gente más pobre en los países menos desarrollados. Si un nuevo virus pasa de un murciélago a un humano en un villorrio pobre de una selva remota, en poso días ese virus se puede dar una vuelta por Wall Street”.

La estructura desnuda de un sistema anti plaga como ese existe, conformada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y varias otras instituciones sanitarias globales. Pero sus recursos económicos son comparables a su impacto político: más que escasos. ”Tenemos que darle a este sistema algo de peso político y mucho más dinero, de manera tal que no dependa completamente de los caprichos de dirigentes autocomplacientes”, aludió a varios casos que se evidenciaron en 2020.

No les corresponde a ellos, porque son expertos y no autoridades elegidas por el voto popular, tomar decisiones sobre políticas de salud. “Eso debería seguir siendo prerrogativa de los políticos”, concluyó. “Pero alguna clase de autoridad sanitaria global independientes sería la plataforma ideal para recopilar información médica, monitorear riesgos potenciales, hacer advertencias y dirigir la investigación y el desarrollo”.

Fuente:

https://www.ft.com/content/f1b30f2c-84aa-4595-84f2-7816796d6841?fbclid=IwAR0PbglG1Fa0ZuuG_GGrFkA7X3R4Tdafi2YDQDdqLIH_dtHbRyLPe5C1uvo

La situació de crisi sanitària arran de la Covid-19 ha posat de manifest les mancances de les polítiques de salut pública

 

La situació de crisi sanitària arran de la Covid-19 ha posat de manifest, una vegada més, les mancances
de les polítiques de salut pública, així com la greu situació del personal dels centres sanitaris i residències geriàtriques, com a punta de l’iceberg d’unes polítiques privatizadores dels serveis de salut i
d’atenció a les persones que han deixat en segon terme, en el marc del model actual, tot allò que té a veure amb la reproducció de la vida i les tasques imprescindibles i necessàries relegades històricament a les dones. 

Alhora, tenint en compte la situació en què ens trobem en el moment actual i que s’allargarà els pròxims mesos, cal abordar d’una manera decidida i valenta la gestió de les noves onades, així com
el desenvolupament de les proves diagnòstiques i de la campanya de vacunació.


1. SOBRE LES POLÍTIQUES DE SALUT PÚBLICA
Les mancances cròniques en salut pública (manca de finançament, formació, preparació en la gestió d’epidèmies de malalties infeccioses i preparació en emergències de salut pública) són a l’arrel de la crisi de salut poblacional i sanitària de la Covid-19. Per això, i contràriament al que han fet els altres partits, nosaltres hi donem una importància primordial.
Així doncs, creiem que s’han de dur a terme polítiques d’emergència en salut pública, i per això ens comprometem a:
· Donada la situació de gran gravetat, incloure dins de l’equip assessor al director de Salut Pública de la Generalitat els experts en salut pública externs a la Generali
tat que voluntàriament s’han ofert a ajudar

en la gestió de la pandèmia.


· Realitzar, responent a la crida de bona part de la comunitat científica internacional, una avaluació d’experts sobre les polítiques de salut i socials en resposta a l’epidèmia, per tal d’enfortir la salut pública catalana i aprendre dels errors i mancances evidenciades durant la pandèmia.
· Incloure els principis d’equitat social (geogràfica, de classe, de gènere, de nacionalitat, d’ètnia o de racialització) i de salut en les polítiques dutes a terme pel govern en resposta a la pandèmia.
· Enfortir la capacitat de preparació i resposta a emergències en salut pública mitjançant la dotació temporal d’una major capacitat gestora a responsables de salut pública del govern, per tal que puguin tirar endavant intervencions urgents basades en l’evidència científica disponible al moment, amb transparència i respectant sempre els criteris d’equitat social i de salut.
· Potenciar la implantació i coordinació de les diferents Unitats de Vigilància Epidemiològica
(UVE) del territori, per tal de fer front a l’augment en la incidència de malalties transmissibles (com ara malalties de transmissió sexual, legionel·losi), mitjançant un increment en la contractació de personal, així com el desenvolupament i la millora dels sistemes de notificació de malalties de declaració obligatòria, en la línia del que s’ha implementat en el context de la COVID-19.

Establir un comitè de lideratge i coordinació per coordinar les respostes de les organitzacions de salut pública i serveis de salut, a escala de comarques i municipis, amb l’objectiu de compartir les millors pràctiques per respondre a la pandèmia.


2. SOBRE ELS RECURSOS PER AL PERSONAL DELS CENTRES SANITARIS I RESIDÈNCIES
GERIÀTRIQUES
La manca de recursos no ve donada arran de la pandèmia, és fruit de deu anys de retallades i d’una gestió que prioritza el lucre i el mercantilisme enfront de la defensa d’un sistema 100% públic. El contagi de centenars de treballadores va posar en evidència la manca de protecció que tenien, juntament amb els continus canvis de protocols. La qüestió residencial ha mostrat la seva faceta més dura, un fet del que s’ha passat de puntetes durant molts anys. Ens comprometem a:
· Assumir el control públic del teixit industrial necessari per a l’abastiment correcte de material sanitari a tots els centres de salut i residencials, amb la intervenció pública d’empreses productores de material i recomposició, i avaluant-ne la nacionalització en els casos que es tracti de sectors estratègics.
· Garantir el material necessari per a totes les professionals que atenen persones contagiades per la Covid-19 o que tenen cura de població de risc: equips de protecció individual, solucions hidroalcohòliques i respiradors.
· Garantir la coordinació i equitat en el repartiment de material.
· Proveir el nombre necessari de llits hospitalaris de gestió pública preparats per atendre malalts de Covid-19, llits d’UCI, i una estratègia paral·lela per poder atendre tota la patologia greu que no es deriva de la Covid-19, però que també requereix atenció hospitalària

 

Ens comprometem a:
· Impulsar una investigació exhaustiva de la institució DGAIA (Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència) que inclogui revisar els protocols d’actuació i fiscalitzar els convenis i acords amb les organitzacions i empreses que tenen relació amb els infants i adolescents atesos per aquesta institució.
· Impulsar una investigació exhaustiva de tots els centres de menors dels Països Catalans a on viuen els joves migrants tutelats, que inclogui la revisió dels protocols interns del centre i entrevistes amb el personal i els joves.
· Defensem la derogació íntegra de la Llei d’Estrangeria. Mentre no es derogui, impulsarem la reforma urgent dels articles referents a la gestió administrativa de joves i adolescents que viatgen sols i/o indocumentats per eliminar immediatament la possibilitat de fer servir els mecanismes actuals de comprovació de la majoria d’edat, que són vexatoris i atempten contra els drets humans i especialment,
els de la infància.
La violència cap a les persones racialitzades i migrants pren múltiples formes en tots els àmbits de les seves vides. Parlem dels àmbits sanitari, laboral, educatiu i en el si de l’administració pública.
Calen accions concretes per poder garantir el lliure accés als drets socials, polítics, econòmics i culturals més bàsics per a totes les persones que viuen als Països Catalans. No podem continuar tolerant la negació de drets a cap persona i lluitarem per assolir la plena igualtat, perquè no podem deixar ningú endarrere.

Ens comprometem a:

EN L’ÀMBIT SANITARI
· Garantir el padró a totes les persones migrants perquè puguin accedir a la sanitat pública.
· Implementar protocols específics per a 
requereix atenció hospitalària.

3. SOBRE L’ACCÉS A LES «PROVES DIAGNÒSTIQUES DE COVID-19»

Si alguna cosa es va posar en evidencia durant la primera onada va ser la manca tant de material

de proteccio com de proves diagnostiques massives, tot i la insistencia del mon cientific i

de la mateixa OMS, que asseguraven que era la clau per aturar la pandemia.

Ens comprometem a:

· Possibilitar l’accés a tots els recursos disponibles per permetre proves massives de

PCR, amb transparència en els criteris de realització.

· Assumir el control de la indústria farmacèutica perquè produeixi els reactius necessaris

per a les proves diagnòstiques, tal com ha fet Alemanya, i reactivar el programa

Orfeu per fer servir tota la infraestructura i recursos dels laboratoris de centres de recerca públics.

· Garantir l’efectuació dels tests al domicili de la persona contagiada o, com a mínim, al CAP de referència, per evitar la mobilitat de persones potencialment infectades.

4. SOBRE LES MESURES EN LES ONADES QUE VINDRAN

La progressiva relaxacio reactiva de mesures de restriccio social ens ha dut a una situacio

propera a la de la primera onada. Cal, doncs, potenciar urgentment politiques de salut publica

que evitin el col.lapse del sistema sanitari de forma proactiva.

En concret, ens comprometem a:

· Prioritzar una estratègia eficient de testatge, identificació ràpida de casos i quarantena de contactes, considerada actualment la més eficaç per tal de controlar l’expansió del virus a escala territorial.

· Utilitzar el testatge massiu amb tests ràpids per poder mantenir activitats culturals i d’altres

d’especial interès social de forma segura.

· Intensificar les mesures per reduir la mobilitat i el contacte social limitant el treball a la

producció i els serveis bàsics en alimentació i sanitat a fi de reduir el nombre de contagis.

Potenciar el teletreball quan la feina ho permeti.

Crear mecanismes per garantir que les empreses ofereixen el teletreball a les treballadores

que ho desitgin.

· Introduir asimetries en els processos de confinament i desconfinament que tinguin

en compte les desigualtats de classe i les conseqüències que se’n deriven.

· Desplegar el procés de desconfinament proveint la població de recursos per protegir-

se i efectuant tests de forma massiva per tal de controlar i evitar els contagis de Covid-

19. Facilitar les proves que puguin determinar l’estat immunitari de cada treballador i

la possibilitat de ser contagiador asimptomàtic perquè es pugui actuar en conseqüència

amb els resultats de les proves.

· Aïllar per territoris, per poblacions o fins i tot per barris els focus d’infeccions que puguin

tornar a sorgir, per tal de contenir-ne la propagació, tenint en compte les desigualtats

socials de risc existents.

5. SOBRE LA CAMPANYA DE VACUNACIÓ

Cada cop hi ha mes evidencia del que anomenem determinants socials de la salut. I aixo

no hauria de ser alie a lhora de planificar la campanya de vacunacio. No nomes som vulnerables

per edat, estar a primera linia o per malalties previes: els aspectes socioeconomics

demostren que el risc dinfeccio esta relacionat estretament amb aquests condicionants.

Laccessibilitat es un tema clau per afavorir que la poblacio accedeixi a la vacunacio.

Ens comprometem a:

· Prioritzar l’estratègia de vacunació a la població general basant-se en criteris de risc,  

tenint en compte aspectes tant clínics com socioeconòmics, per tal de protegir primer

els grups més vulnerables.

· Garantir les condicions laborals a tot el personal destinat a la campanya.

· Planificar el personal i els espais necessaris per dur a terme la campanya massiva de vacunació,

dotant d’infraestructures i personal necessari l’Atenció Primària, i garantir així

proximitat i accessibilitat al centre de vacunació.

6. SOBRE LES LLISTES D’ESPERA

· Elaborar un pla de xoc per reduir les llistes d’espera reobrint els serveis tancats, sales

d’operació i llits que han deixat de ser operatius, posant torns de tarda on no n’hi hagi

per maximitzar l’aprofitament tecnològic i amb plantilles de personal suficient per dur

a terme l’objectiu amb èxit. El pla de xoc s’acompanyarà d’un pla de contractació i

ampliació de plantilles per donar-hi resposta garantint els drets laborals.

· Reduir d’un 50% les llistes d’espera en els següents casos: la primera visita amb l’especialista,

en la realització de proves diagnòstiques i en l’espera d’una intervenció quirúrgica. Per fer-ho efectiu, es prioritzarà l’assistència als centres del SISCAT de titularitat pública i s’evitaran les derivacions

entre els centres, que ocasionen problemes de mobilitat a les persones malaltes. En quedaran

exclosos expressament els centres de titularitat privada. Això comporta la recuperació

de la totalitat de l’activitat sanitària que es feia en els serveis sanitaris públics, optimitzant l’ús de les sales d’operacions en torn de matí i tarda i recuperant els llits que s’han eliminat o tancat provisionalment. Es dotarà del pressupost necessari i del personal del qual s’ha prescindit.

· Fins que no s’elimini l’espera a la sanitat pública, suprimir les tres llistes diferenciades

dels centres que s’inclouen en el SISCAT i que per tant reben finançament públic (accés a la...

La pandemia Covid-19 ha posat a prova les estructures de què ens dotem com a societat per garantir la vida

 

La Covid-19 ha posat a prova les estructures de què ens dotem com a societat per garantir la vida.

Les retallades en sanitat fetes de forma reiterada durant la darrera dècada tant pel govern espanyol com per la Generalitat, les ràtios elevades a les escoles, la deslocalització

d’empreses, el tancament de negocis, els treballs precaris i temporals, l’endeutament

familiar, els lloguers inassumibles, la pujada de les factures, els talls de llum, etcètera, ens condueixen a necessitar, a banda d’un pla de rescat social, una estratègia com a país que treballi en grans consensos de tipus social, i que ens permeti assegurar que mai més una crisi (o qualsevol desastre natural) impactarà d’una manera tan devastadora en la nostra societat.

No podem trobar-nos mai més sense el material sanitari més bàsic, com mascaretes i respiradors.

Els nostres impostos no han de servir mai més per augmentar els beneficis de grans empreses amb capital estranger. La salut o la vida dels nostres avis i àvies no s’han de poder comprar i vendre mai més.

Ens cal construir un model econòmic perquè això no pugui tornar a passar. Un nou model

econòmic basat en una Economia Plural Transformadora.

Dirigit a satisfer equitativament les necessitats econòmiques, socials i culturals del conjunt de la societat dels Països Catalans; a proporcionar salut, renda, cures, habitatge, proveïments energètics i protecció social de forma universal; a garantir el conjunt de béns i serveis necessaris per a la reproducció social i la dignitat de la vida humana. Del nou model

econòmic plural, i dels seus marcs participatius de planificació, n’han d’emanar polítiques públiques transformadores basades en la recerca i la innovació en tots els àmbits, que facin bascular l’estructura econòmica catalana cap a bé comú, la dimensió col·lectiva i la solidaritat.

I en concret, cap a la propietat pública i social, la gestió democràtica, la socialització dels excedents i la transició ecosocial. Cal reorientar el sistema econòmic cap a una Economia per a la Vida. Per tant, ens cal modificar substancialment les polítiques econòmiques recents i desplaçar la tasca reguladora de l’economia cap a unes institucions socials amb més capacitat de servir el bé comú, com ara el sector públic, l’economia social i solidària, el sindicalisme, el treball reproductiu i de cures.

Per això, defensem un programa obertament socialista, feminista i ecologista, a partir de propostes concretes com la banca pública catalana, la nacionalització de serveis, la reconversió industrial, el canvi de model cap a una economia pública, social i planificada, i el control democràtic dels recursos naturals, entre moltes altres propostes.

Per construir un país més just i més democràtic, més lliure i més ecològic, més obert i més

solidari, cal assumir les limitacions institucionals i jurídiques i generar estratègies que les desbordin.

Els canvis reals que necessitem són impossibles des de les actuals institucions i marcs jurídics i polítics, però el projecte independentista i la perspectiva d’una forma estat que retingui la sobirania és ara mateix l’horitzó polític que permet decidir sobre els aspectes fonamentals de la vida de les persones. Des del territori al control democràtic dels mercats o dels preus, per poder fer front a les polítiques austericides de la Unió Europea i a la demofòbia continuada de l’estat espanyol, la possibilitat de construir un país nou és l’única via per garantir la vida digna de les catalanes. En aquest sentit, la pandèmia de la Covid-19 ha evidenciat que fer política a favor de la gent topa amb els condicionaments de la UE a la injecció de diners, la negativa del govern espanyol a utilitzar l’estat d’alarma per al control democràtic de l’economia, o la subcontractació de Ferrovial per part del govern català, que contribueix a tenir una sanitat gestionada per empreses que no tenen com a objectiu

principal garantir el dret a la salut. El projecte independentista té més sentit que mai si es construeix en la lògica de posar al servei de la gent, i no de les elits, els recursos, per recuperar totes les sobiranies.